sábado, 25 de febrero de 2012

BELLAS FÁBULAS DE RAFAEL POMBO


1. SIMÓN EL BOBITO

Simón el Bobito llamó al pastelero:

« ¡A ver los pasteles! ¡los quiero probar!»
«-Sí, repuso el otro, pero antes yo quiero
«Ver ese cuartillo con que has de pagar».
Buscó en los bolsillos el buen
Simoncito Y dijo: «¡De veras! no tengo ni unito».
A Simón Bobito le gusta el pescado
Y quiere volverse también pescador,
Y pasa las horas sentado, sentado,
Pescando en el balde de mamá Leonor.
Hizo Simoncito un pastel de nieve
Y a asar en las brasas hambriento lo echó,
Pero el pastelito se deshizo en breve,
Y apagó las brasas y nada comió.
Simón vio unos cardos cargando ciruelas
Y dijo: «-¡Qué bueno Las voy a coger».
Pero peor que agujas y puntas de espuelas
Le hicieron brincar y silbar y morder.
Se lavó con negro de embolar zapatos,
Porque su mamita no le dio jabón,
Y cuando cazaban ratones los gatos
Espantaba al gato gritando: ¡ ratón !
Ordeñando un día la vaca pintada
Le apretó la cola en vez del pezón;
¡Y aquí de la vaca! Le dio tal patada
Que como un trompito bailó don Simón.
Y cayó montado sobre la ternera;
Y doña ternera se enojó también,
Y ahí va otro brinco y otra pateadera
Y dos revolcadas en un santiamén.
Se montó en un burro que halló en el mercado
Y a cazar venados alegre partió,
Voló por las calles sin ver un venado,
Rodó por las piedras y el asno se huyó.
A comprar un lomo lo envió taita Lucio,
Y él lo trajo a casa con gran precaución
Colgado del rabo de un caballo rucio
Para que llegase limpio y sabrosón.
Empezando apenas a cuajarse el hielo
Simón el Bobito se fue a patinar,
Cuando de repente se le rompe el suelo
Y grita: «¡me ahogo! ¡Vénganme a sacar!»
Trepándose a un árbol a robarse un nido,
La pobre casita de un mirlo cantor...
Desgájase el árbol, Simón da un chillido,
Y cayó en un pozo de pésimo olor.
Ve un pato, le apunta, descarga el trabuco,
y volviendo a casa le grita a papá
«Taita, yo no puedo matar pajaruco
Porque cuando tiro se espanta y se va».
Viendo una salsera llena de mostaza,
Se tomó un buen trago creyéndola miel,
Y estuvo rabiando y echando babaza
Con tamaña lengua y ojos de clavel.
Vio un montón de tierra que estorbaba el paso,
Y unos preguntaban: «¿Qué haremos aquí?»
«-¡Bobos! dijo el niño, resolviendo el caso;
Que abran un gran hoyo y la echen allí».
Lo enviaron por agua, y él fue volandito
Llevando el cedazo para echarla en él:
Así que la traiga el buen Simoncito
Seguirá su historia pintoresca y fiel.

2. LA POBRE VIEJECITA


Érase una viejecita Sin nadita que comer
Sino carnes, frutas, dulces, Tortas, huevos, pan y pez
Bebía caldo, chocolate, Leche, vino, té y café,
Y la pobre no encontraba Qué comer ni qué beber.
Y esta vieja no tenía Ni un ranchito en que vivir
Fuera de una casa grande Con su huerta y su jardín
Nadie, nadie la cuidaba Sino Andrés y Juan Gil
Y ocho criados y dos pajes De librea y corbatín
Nunca tuvo en qué sentarse Sino sillas y sofás
Con banquitos y cojines Y resorte al espaldar
Ni otra cama que una grande Más dorada que un altar,
Con colchón de blanda pluma, Mucha seda y mucho olán.
Yesta pobre viejecita Cada año, hasta su fin,
Tuvo un año más de vieja Y uno menos que vivirY al mirarse en el espejo La espantaba siempre allí
Otra vieja de antiparras, Papalina y peluquín.
 y  esta pobre viejecita No tenía que vestir
Sino trajes de mil cortes Y de telas mil y mil.
Y a no ser por sus zapatos, Chanclas, botas y escarpín,
Descalcita por el suelo Anduviera la infeliz
Apetito nunca tuvo Acabando de comer,
Ni gozó salud completa Cuando no se hallaba bien
Se murió del mal de arrugas, Ya encorvada como un tres,
Y jamás volvió a quejarse Ni de hambre ni de sed. y esta pobre viejecita
Al morir no dejó más Que onzas, joyas, tierras, casas,
Ocho gatos y un turpial Duerma en paz, y Dios permita
Que logremos disfrutar Las pobrezas de esa pobre
Y morir del mismo mal.  Rafael pombo 

 3. MIRRINGA MIRRONGA

Mirringa Mirronga, la gata candonga va a dar un convite jugando escondite, y quiere que todos los gatos y gatas no almuercen ratones ni cenen con ratas.
"A ver mis anteojos, y pluma y tintero, y vamos poniendo las cartas primero.
Que vengan las Fuñas y las Fanfarriñas, y Ñoño y Marroño y Tompo y sus niñas.
"Ahora veamos qué tal la alacena.
Hay pollo y pescado, ¡la cosa está buena! Y hay tortas y pollos y carnes sin grasa.
¡Qué amable señora la dueña de casa! "Venid mis michitos Mirrín y Mirrón.
Id volando al cuarto de mamá Fogón por ocho escudillas y cuatro bandejas que no estén rajadas, ni rotas ni viejas.
Venid mis michitos Mirrón y Mirrín, traed la canasta y el dindirindín, ¡y zape, al mercado! que faltan lechugas y nabos y coles y arroz y tortuga.
"Decid a mi amita que tengo visita, que no venga a verme, no sea que se enferme que mañana mismo devuelvo sus platos, que agradezco mucho y están muy baratos.
"¡Cuidado, patitas, si el suelo me embarran ¡Qué quiten el polvo, que frieguen, que barran
¡Las flores, la mesa, la sopa!... ¡Tilín! Ya llega la gente. ¡Jesús, qué trajín!".
Llegaron en coche ya entrada la noche señores y damas, con muchas zalemas, en grande uniforme, de cola y de guante, con cuellos muy tiesos y frac elegante.
Al cerrar la puerta Mirriña la tuerta en una cabriola se mordió la cola, mas olió el tocino y dijo "¡Miaao!"
¡Este es un banquete de pipiripao!"
Con muy buenos modos sentáronse todos, tomaron la sopa y alzaron la copa; el pescado frito estaba exquisito y el pavo sin hueso era un embeleso.
De todo les brinda Mirringa Mirronga: – "¿Le sirvo pechuga?" – "Como usted disponga, y yo a usted pescado, que está delicado".
– "Pues tanto le peta, no gaste etiqueta: "Repita sin miedo". Y él dice: – "Concedo".
Más ¡ay! que una espina se le atasca indina, y Ñoña la hermosa que es habilidosa metiéndole el fuelle le dice: "¡Resuelle!" Mirriña a Cuca le golpeó en la nuca y pasó al instante la espina del diantre, sirvieron los postres y luego el café, y empezó la danza bailando un minué.
Hubo vals, lanceros y polka y mazurca, y Tompo que estaba con máxima turca, enreda en las uñas el traje de Ñoña y ambos van al suelo y ella se desmoña.
Maullaron de risa todos los danzantes y siguió el jaleo más alegre que antes, y gritó Mirringa: "¡Ya cerré la puerta! ¡Mientras no amanezca, ninguno deserta!"
Pero ¡qué desgracia! entró doña Engracia y armó un gatuperio un poquito serio dándoles chorizo de tío Pegadizo para que hagan cenas con tortas ajenas.  Rafael pombo

4. PASTORCITA


Pastorcita perdió sus ovejas, y ¡quien sabe por donde andarán¡

No te enfades, que oyeron tus quejas y ellas mismas bien pronto vendrán. Y no vendrán solas, que traerán sus colas, y ovejas y colas gran fiesta darán.
Pastorcita se queda dormida y soñando las oye balar, se despierta y las llama enseguida: ¡ovejitas, vengan ovejas¡, y engañada se tiende a llorar.
No llores, Pastora, que niña que llora bien pronto la oímos reír y cantar.
Levantose contenta, esperando que ha de verlas bien presto quizás, y las vio, mas dio un grito observando que dejaron sus colas atrás: ¡Ay, mis ovejitas, pobres raboncitas¡ ¿Dónde están mis colas? ¿No las veré más?
Pero andando por todo el rebaño, otro grito una tarde soltó, cuando un gajo de un viejo castaño cargadito de colas halló. Secándose al viento, dos, tres, hasta cien, allí una tras otra colgadas las vio.
Dio un suspiro y un golpe en la frente, y ensayó cuanto pudo inventar, miel, costura, variado ingrediente, para tanto rabón remendar. Busco la colita de cada ovejita y al verlas como antes se puso a bailar.
                                                                                                                                                                        RAFAEL POMBO


5. EL NIÑO Y EL PASTORCITO

El corderito ---Por mi madre querida Que tal vez afligida Me anda buscando. El niño ---¿Temes verte solito, O te acobarda el grito Del dogo hambriento? El corderito ---No me asusta que ladre; Mas lejos de mi madre No estoy contento. El niño ---¡Ah! ya entiendo tu pena, Si tu mamá es tan buena Como la mía.
Déjame acompañarte, Yo seré en cualquier parte Tu garantía. Pero ya que recuerdo Que cuando yo me pierdo Mamá se afana. Andemos ligeritos, Y vivamos juntitos Desde mañana.  Rafael Pombo
6.. EL NIÑO Y LA MARIPOSA 

El niño ---Mariposa, Vagarosa Rica en tinte y en donaire,
¿Qué haces tú de rosa en rosa? ¿De qué vives en el aire?
La mariposa ---Yo, de flores Y de olores,
Y de espumas de la fuente, Y del sol resplandeciente
Que me viste de colores. El niño ---¿Me regalas
sus dos alas? ¡Son tan lindas! ¡te las pido!
Déja que orne mi vestido Con la pompa de tus galas.
La mariposa ---Tú, niñito  tan bonito,
Tú que tienes tánto traje, ¿Por qué quieres un ropaje
Que me ha dado Dios bendito? ¿De qué alitas
Necesitas Si no vuelas cual yo vuelo?
¿Qué me resta bajo el cielo Si mi todo me lo quitas?
Días sin cuento De contento
El Señor a ti te envía; Mas mi vida es un solo día,
No me lo hagas de tormento ¿Te divierte
Dar la muerte A una pobre mariposa?
¡Ay! quizás sobre una rosa  "Me hallaras muy pronto inerte".
Oyó el niño Con cariño Esta queja de amargura.
y una gota de miel pura Le ofreció con dulce guiño.
Ella, ansiosa, Vuela y posa
En su palma sonrosada, Y allí mismo, ya saciada,
Y de gozo temblorosa, Expiró la mariposa
Rafael pombo

7. CATUFATO Y SU GATO

Quiso el niño Cutufato Divertirse con un gato;
Le ató piedras al pescuezo, Y riéndose el impío
Desde lo alto de un cerezo Lo echó al río.
Por la noche se acostó; Todo el mundo se durmió,
Y entró a verlo un visitante El espectro de un amigo,
Que le dijo: ¡Hola! al instante ¡Ven conmigo!
Perdió el habla; ni un saludo Cutufato hacerle pudo.
Tiritando y sin resuello Se ocultó bajo la almohada;
Mas salió, de una tirada Del cabello
Resistido estaba el chico; Pero el otro callandico,
Con la cola haciendo un nudo De una pierna lo amarró,
Y, ¡qué horror! casi desnudo Lo arrastró.
Y voló con él al río, Con un tiempo oscuro y frío,
Y colgándolo a manera De un ramito de cereza
Lo echó al agua horrenda y fiera De cabeza
¡Oh! ¡qué grande se hizo el gato! ¡qué chiquito el Cutufato!
¡Y qué caro al bribonzuelo su barbarie le costó!
Más fue un sueño, y en el suelo Despertó.
                                                                                     RAFAEL POMBO

8. LA PALOMA Y LA ABEJA

Viendo que estaba ahogándose Una abejita,
Una paloma tierna Se precipita,
Y en una rosa Que le lleva en el pico
Sálvala airosa. Poco después la abeja
Vio que en la loma Un cazador apúntale
A la paloma. Vuela: en la mano
Pícalo atroz, y el tiro Tuércese vano.
No hay ser tan miserable
Que nunca pueda Pagarnos un servicio
Que en su alma queda; No hay mayor goce
Que el de probar que el alma Lo reconoce.

9. EL RENACUAJO PASEADOR

El hijo de Rana, Rinrín Renacuajo,
salió esta mañana, muy tieso y muy majo con pantalón corto, corbata a la moda,
sombrero encintado y chupa de boda. "¡Muchacho, no salgas!" le grita mamá.
Pero él hace un gesto y orondo se va.Halló en el camino a un ratón vecino,
y le dijo: "¡Amigo! venga, usted conmigo,
visitemos juntos a doña Ratona y habrá francachela y habrá comilona".
A poco llegaron, y avanza Ratón, estírase el cuello, coge el aldabón.
Da dos o tres golpes, preguntan: "¿Quién es?"
"–Yo, doña Ratona, beso a usted los pies".
"¿Está usted en casa?" –"Sí, señor, sí estoy:
y celebro mucho ver a ustedes hoy; estaba en mi oficio, hilando algodón,
pero eso no importa; bienvenidos son".
Se hicieron la venia, se dieron la mano, y dice Ratico, que es más veterano:
"Mi amigo el de verde rabia de calor, démele cerveza, hágame el favor".
Y en tanto que el pillo consume la jarra mandó la señora traer la guitarra
y a Renacuajito le pide que cante versitos alegres, tonada elegante.
"–¡Ay! de mil amores lo hiciera, señora,
pero es imposible darle gusto ahora, que tengo el gaznate más seco que estopa
y me aprieta mucho esta nueva ropa".
"–Lo siento infinito, responde tía Rata, aflójese un poco chaleco y corbata,
 yo mientras tanto les voy a cantar una cancioncita muy particular".
Mas estando en esta brillante función de baile y cerveza, guitarra y canción,
La Gata y sus Gatos salvan el umbral, y vuélvese aquello el juicio final.
Doña Gata vieja trinchó por la oreja al niño Ratico maullándole: "¡Hola!"
y los niños Gatos a la vieja Rata uno por la pata y otro por la cola.
Don Renacuajito mirando este asalto tomó su sombrero, dio un tremendo salto,
y abriendo la puerta con mano y narices,
se fue dando a todos "noches muy felices".
Y siguió saltando tan alto y aprisa,
que perdió el sombrero, rasgó la camisa,
se coló en la boca de un pato tragón
y éste se lo embucha de un solo estirón.
Y así concluyeron, uno, dos y tres,
ratón y Ratona, y el Rana después;
Los gatos comieron y el Pato cenó,
¡y mamá Ranita solita quedó!
                                                  RAFAEL POMBO

10.  EL CUENTO DE MARGOT


Vamos Margot, repíteme esa historia Que estabas refiriéndole á María,
Ya vi que te la sabes de memoria y debes de enseñármela, hija mía.
-La sé porque yo misma la compuse. -¿Y así no me la dices ? Anda, ingrata.
-¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo! repuse, ¿Te has vuelto á los seis años literata?
-¡No, literata no! pero hago cuentos… -No temas que tal gusto te reproche.
-Al ver á mis hermanos tan contentos yo les compongo un cuento en cada noche.
-¿Y cómo dice el que contando estabas? -Es muy triste, papá, ¿que no lo oíste?
-Sólo oí que lloraban y llorabas. -¡Ah! si, todos lloramos; ¡es muy triste!
Imagínate un niño abandonado de grandes ojos de viveza llenos,
rubio, risueño, gordo y colorado: Como mi hermano Juan, ni más ni menos
Figúrate una noche larga y fría, de muda soledad, sin luz alguna,
y ese niño muriendo, en agonía, encima de la acera, no en la cuna.
-¿En las heladas losas ? -Si, en la acera,
Es decir, en la calle… -¡Qué amargura!
-Hubo alguien que pasando lo creyera
un olvidado cesto de basura. Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos
Queriendo darle maternal abrigo y envuelto en un pañal hecho pedazos
lo alcé á mi pecho y lo llevé conmigo. Lloraba tanto y tanto el angelito
que ya estaban sus párpados muy rojos.. Y a cada nueva queja, a cada grito
el alma me sacaba por los ojos. Me lo llevé á mi cama: entre plumones
Lo hice dormir caliente y sosegado… ¡Cómo hubo en este mundo corazones
Capaces de dejarlo abandonado!
¡Ay! yo sé por mi libro de lectura
que estudio en mis mayores regocijos,
que ni los tigres en la selva oscura
dejan abandonados a sus hijos.
¡Pobrecito! Yo sé su mal profundo, Le curo como madre toda pena:
Parece que este niño en este mundo no es hijo de mujer sino de hiena.
De mi colchón en el caliente hueco duerme para que en lágrimas no estalle;
y llorando Margot, mostró el muñeco que en cierta noche se encontró en la calle.
                                                                                   JUAN DE DIOS PEZA


















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